El 26 de Enero de este año se cumplió el 199 Aniversario del natalicio del más Alto Creador de nuestra Nacionalidad, del Ilustre Masón, del Ideólogo de la Independencia Nacional y Fundador de la República Dominicana, del Benemérito que lo dio todo en aras de la libertad de su Pueblo; del Padre de la Patria: Juan Pablo Duarte.
Cada año, esta conmemoración enciende las llamas del fuego libertario a la simple evocación de ese símbolo Patrio que es Duarte; y tiene para los que la festejamos con fruición, la profunda significación de un acto de conciencia que fortalece los espíritus de los que "reconocemos su obra portentosa que ha resistido la prueba del tiempo y de los malos dominicanos" y de los que nos sentimos orgullosos de la fecunda obra del Apóstol de las ideas correctas y las actuaciones verticales, a quien el oro, la fama ni el poder pudieron seducir.
Para rendir tributo a la memoria de este Dominicano inmenso que atravesó por la escena de nuestra vida Republicana como un digno aladid del honor y la virtud, todo discurso se reconoce insuficiente. Nos basta mostrar a Duarte y el Duartismo como el baluarte que desde hace 168 años (1844-2012) ha motorizado todo el entusiasmo y sostenido toda la entereza Nacionalista de los Dominicanos mesurados y cuerdos.
Duarte, guía del Patriotismo Dominicano, fue con toda seguridad, un hombre excepcional, el mejor de los nuestros, el que forjó su convicción Republicana anteponiendo a la fuerza del déspota invasor la razón y el derecho de sus hermanos sojuzgados, el que condujo firmemente la resistencia clandestina de su Pueblo a través de la Sociedad Patriótica "La Trinitaria", que fue el tabernáculo desde el cual realizó una labor secreta y silenciosa, que acabó de vigorizar los ánimos y la idea de independencia, convirtiéndose en un sentimiento nacional poderosísimo, importante e irresistible; el que alentó y dirigió las ansias de redención de su terruño avasallado, y el enemigo de los yugos, de las prebendas y de las estructuras carentes de humanismo y de progreso.
Duarte: El Arquitecto Moral de la República y el Prócer que con una clara y profunda vocación de justicia transmitió con resolución obstinada los principios que han asegurado el pensamiento, la autonomía y el equilibrio de generaciones enteras que han sido irreverentes al vasallaje, a la superstición, a la intolerancia y a las tiranías.
Con Duarte, la República encumbró sus más preciados valores, y por eso, nadie ni nada podrá arrancar su nombre del alma de la Patria. Antes -cómo muy bien expresara en cierta ocasión el distinguido mexicano Justo Sierra, refiriéndose al Benemérito de los Américas Don Benito Juárez- antes repito, "será necesario hacer pedazos la sagrada bandera de la República que lo envuelve y lo guarda".
Si es verdad que existe un combate permanente entre el hombre y su destino, de Duarte se puede afirmar, que corresponde al arquetipo del Héroe Generoso cuyo camino siempre fue cuesta arriba en procura de alcanzar su meta anhelada: La Independencia de la tierra que la vio nacer, y la Libertad de su pueblo subyugado.
Hoy, decididamente convencido de que es impostergable la puesta en vigencia del Ideario de Duarte, expreso con voz alta que esta generación de relevo no teme a "los Orcopolíticos Dominicanos cuya consigna parece haber sido no discutirlo y, por supuesto, tampoco citarlo"; ni a quienes -en un medio decadente donde los antivalores son elevados al pináculo social, económico y político- aún se obstinan en querer cubrir con el polvo del olvido su figura altiva y majestuosa, porque el fuego de la acción Republicana de Duarte sigue ardiendo en los corazones y en las conciencias de los buenos dominicanos, y su indomable rebeldía nos conmina hoy, aquí y ahora, a trabajar activamente en el afianzamiento del destino glorioso de nuestra Patria; a redoblar esfuerzos para liberarla de sus males ancestrales y a renovarnos para consolidar en el siglo XXI los principios democráticos que él nos legó.
Conmemoraciones como esta, tienen que ser aprovechadas por los dominicanos sensatos para "demostrarle al padre de nuestra Nacionalidad, que valoramos su sacrificio y que nos importan sus ideales" y para hacer profundas reflexiones, puesto que hoy todo nos compromete porque son tiempos de riesgos y de definiciones. Ayer, fueron los tiempos de Duarte, pero ahora, son los tiempos de esta Generación, por lo que es nuestro deber replantear, respetuosa pero enérgicamente, la necesidad de un renovado actuar republicano donde no haya cabida para el dejar hacer, ni para el dejar pasar.
Si la República Dominicana existe y evoluciona, se lo debemos a la Perseverancia y a la Fe patriótica de Duarte. Por eso, generación tras generación, y sobre todo ésta, que reclama su oportunidad, está comprometida a pensar como él, a creer como él, y a crear y luchar como lo hizo él. Pero el legado de pensar, creer y crear duartista nos hace depositarios de un singular compromiso con la historia que no solo estriba en recordar a un hombre, ni lo que dijeron de él; sino en recordar lo que dijo, lo que hizo, y retomar los principios de ese hombre honrado, patriota, respetuoso, sacrificado, trabajador, justo y decente; y con ello, hacer lo que nos corresponde hoy, porque entender a Duarte, es comprender la lucha de un Líder Solidario con las causas más sentidas de su Pueblo.
Duarte significa, la posibilidad sublime de elevar a los hombres para instalarlos en la historia con la que quisimos, supimos y pudimos aceptar un compromiso con la condición de que cristalicemos sus sueños, metas y anhelos truncados, para que en el mañana podamos entregar a nuestros hijos y nietos una antorcha de luz inextinguible de unión, de fraternidad y de progreso que ellos deben traspasar a las generaciones venideras.
La Francmasonería Dominicana siempre ha entendido que el afianzamiento del Ideario de Duarte tiene que pasar de individual, a colectivo y comunitario para que quede consolidado en el Pueblo y se haga convicción, ideología y acción; y pueda penetrar profundamente el pensamiento de las nuevas generaciones e invada todo el país, incluida la política, la economía y la pedagogía; en fin: El Porvenir.
Y es que Duarte encarnó los ideales más puros, la moral más alta y la virtud más acendrada en sus acciones para crear nuestra Nacionalidad; y si alguien me preguntara en qué radica su grandeza, respondería afirmando, que Él tuvo la virtud más apreciada, que fue la de buscar la unión consolidada de los ciudadanos conscientes y el carisma de un Líder que logró congregar a los hombres más justos de su época para rumiar con ellos su Proyecto Independentista que se hizo realidad la noche del 27 de Febrero de 1844.
Es por todo eso que en cada Aniversario de su Natalicio, la Francmasonería Dominicana rememora la grandeza del Patricio visionario, de ese Duarte de Ayer y de Siempre; grande entre los grandes, paradigma, orgullo y enseña de los hombres libres y de buenas costumbres de su generación, y que cada 26 de enero le rindamos un simbólico homenaje de sincero reconocimiento a este insigne Patriota que sintió como ninguno el hondo suplicio de su Pueblo; el que fue víctima de los tiros de la envidia; el que sufrió atropellos, persecuciones, prisiones y destierros por el solo hecho de ser el creador de nuestra nacionalidad; el que alcanzó las cumbres del perfeccionamiento cívico porque hizo de su filosofía moral una Norma de conducta intachable y una entrega total y desinteresada a la noble causa de la Patria que en la noche del 27 de Febrero del año 1844 tuvo como feliz resultado el nacimiento de la República Dominicana.
Lástima grande, que el pensamiento de Duarte, recogido en un libro, no traspasara las fronteras de nuestra Nación; lástima grande que nuestra incuria haya dejado en los archivos, apolillándose, sus escritos luminosos, y lástima grande, que nuestra juventud no haya sacado provecho de su pensamiento, para que al conocerlo, renovaran la faz de la patria.
Aunque el bando parricida que Duarte denunciara -que aún tiene simpatizantes- haya logrado hasta hoy que la mayoría de la masa del pueblo desconozca su lucha y hasta su nombre; sin embargo, algo que nadie podrá desvanecer ni desmentir, es que Duarte es el Padre de la Patria; un hombre rico de talento; de honrados sentimientos y de elevadas miras; y un patrimonio material intangible de todos los dominicanos.
Pero... Habrá de llegar un día que se dicte una Ley mediante la cual se obligue a las escuelas del país a enseñar quién en realidad fue Duarte. Y cuando llegue ese día, en el que ni un solo dominicano titubee al hablar de ÉL, ese día, ¡Seremos imbatibles!

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