25 de enero del 2012
Fe
Mi fe es fuerte e imperturbable.
Si algo parece estar equivocado, perdido o roto en mi vida, no me concentro en ello, dándole energía a la ansiedad y al temor. Por el contrario, enfoco mi atención en la esencia todo sostenedora de Dios y siento la influencia calmante de la fe.
En oración, me aquieto y afirmo que mi fe es fuerte. Recibo seguridad de que Dios es mi ayuda siempre presente y la fuente ilimitada de mi provisión. Dios y yo somos uno.
Al descansar en la serenidad, mis emociones basadas en el temor se transforman en realidades llenas de fe. Mi humor mejora, mi confianza aumenta y termino mi tiempo de oración sintiendo gozo y fe. Doy pasos inspirados por esa fe para llevar a cabo mi bien.
Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: "Desarráigate y plántate en el mar", y os obedecería.--Lucas 17:6
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